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Peppe
Cairone es un versátil y bien dotado técnicamente guitarrista italiano.
Desde hace años lleva a cabo una labor concertística que se basa en una
combinación de los estilos clásicos (del que tiene una avalada formación),
el jazzístico y el flamenco.
Esta última vertiente de su guitarra se forjó en España de la mano de
las instrucciones de, entre otros, Gerardo Núñez y Oscar Herrero.
Además, y visto lo visto, Cairone se enamoró del flamenco lo suficiente
como para aventurarse a meterse en el pellejo de los grandes solistas de
nuestro tiempo y versionar algunos de los temas que más han sonado en la
sonanta contemporánea.
Su “Antología Flamenca” se compone de nueve temas, algunos de
composición propia, otros versionando temas de guitarristas flamencos
actuales, alguno más versionando piezas de guitarra clásica y otros
encuadrables en el jazz o el rock instrumental, más que en el mismo
flamenco.
Comienza
con “Tres notas para decir te quiero” de Vicente Amigo. Tema comercial
del cordobés que, por otro lado, sirvió a Vicente para que su nombre
trascendiese definitivamente del mundillo. Peppe Cairone hace una versión
algo más sobria. Tempos y melodías se respetan escrupulosamente,
quitando los coros y cambiando un poco el ritmo y los acentos. Al final
incluso modula el tema y lo sube algún tono. Es una versión personal,
que no trastoca en nada el espíritu del tema y que además se solventa
con buena técnica.
“El
Prado” es una buena muestra de su estilo. Algo que se define fácilmente
por la búsqueda del virtuosismo y la sonoridad rockera o más bien, “acústica”.
Es un tema basado en los arpegios y efectos tímbricos, claramente
tributarios de lo que Paco de Lucía, Al Di Meola y John McLaughlin
hicieron hace unos veintipico años. Interesante composición sin duda
porque se hace identificable y entendible desde el principio.
De Paco de
Lucía versiona nada más y nada menos que la rumba “Río Ancho”, la
rondeña “Mi Niño Curro” y las alegrías “La Barrosa”.
Tres muestras clarísimas del terreno donde este intérprete se encuentra
más a gusto.
La rumba queda técnicamente solventada y, aunque ralentiza la velocidad,
se nota que puede con ella. De todos modos comienza a improvisar a las
primeras de cambio. Es decir, se queda con el tema identificable y luego
hará lo que vea qué tal. En este caso no perjudica nada porque las
rumbas de Paco de Lucía son eminentemente improvisatorias, son terrenos
para el libre esparcimiento de dedos entumecidos. En temas posteriores esa
libertad de criterios sí afectará a más cosas.
La rondeña es de lo mejor del disco por su respeto hacia la esencia de
una obra maestra. Sin dejar de notarse su propio concepto, está claro que
Cairone aquí solo hace los retoques justos.
“La Barrosa” ha calcado las percusiones del tema de Paco. Parece que
Manuel Soler ha vuelto para meterse en el estudio de este guitarrista. Más
bien suena a corta y pega, pero si no es así, desde luego está
logrado el parecido.
No queda tan acabada la alegría como la original, donde la soltura sí
era insultante pero no es ni mucho menos fácil hacer esto. Cairone aquí
le ha echado valor para meterse por estos terrenos.
Estas son quizá las muestras iniciales de una tendencia que en el futuro
se consolide dentro del mundo del concertismo. La de tocar obras no
originales y grabarlas. Algo que tiene sus practicantes (sobre todo la
gente que empieza) y cada vez más salidas.
La obra de
Gerardo Núñez, queda dicho que fue maestro suyo, aparece al ser
versionada su soleá por bulerías más famosa. Curioso resultado porque
se nota que no es Gerardo pero tampoco queda mal. Es una obra maestra y
todos los guitarristas tienen derecho a tocarla. Realmente es así.
“Villa
Borghese” arranca con los ecos del rock flamenco de, pongamos, “Medina
Azahara”. Tema propio que de nuevo gusta de los sonidos libres que dan
las estructuras del jazz y de una guitarra fácil técnicamente.
“Asturias”
de Albéniz parece ser su guiño al mundo clásico. Y digo parece porque
este momento se me antoja como el lunar del disco. Parece pero eso no es
“Asturias”. La obra de Albéniz, bien lo sabe Peppe Cairone, tiene dos
partes diferenciadas. Una conocida y respetada por el italiano, la
conocida por todos, virtuosística. La otra más cantabile, más
lírica y mucho más sentida. Esa, directamente se obvia. Debe ser que Albéniz
no le va a poner pegas (¿y si fuera un tema de Paco?) y no “vende”,
no se conoce, por lo menos no ese trozo.
En la formación de guitarra clásica se enseña el respeto por la
partitura, por el estilo, por el espíritu, sobre todo de los maestros que
ya no están. Y, si bien la obra del catalán fue concebida para el piano,
a ningún pianista de ahora se le ocurriría cortar por lo sano, más bien
lo insano, semejante pieza.
Cierra su
“Antología Flamenca” este guitarrista con un tema que, sonar no suena
demasiado flamenco. “L.A.X” de nuevo es pura fantasía sobre la
guitarra. Queda demostrado en este directo de las facultades y la amplitud
de miras de este guitarrista.
Disco que
bien podría llamarse “Antología del Estilo Cairone” de
hacer guitarra.
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